Guillermo Olivera recorrió nueve subregiones vitivinícolas, de Río Negro a la Patagonia profunda, para armar un atlas bilingüe con más de 70 bodegas, 420 fotos y 11 mapas propios.
Lo que arrancó como ganas de viajar y sacar fotos terminó convertido en 376 páginas: un mapa completo del vino que se hace en el sur del país.
Guillermo Olivera se pasó buena parte de los últimos años recorriendo la Patagonia vitivinícola de punta a punta. El resultado es Terroir de la Patagonia Argentina, un libro que reúne más de setenta bodegas repartidas en nueve subregiones distintas, desde Río Negro y Neuquén hasta Chubut, La Pampa y el sur de la provincia de Buenos Aires. Todo, con más de 420 fotografías y once mapas que Olivera diseñó él mismo.
El proyecto no tuvo presupuesto editorial detrás: Olivera financió los viajes de su bolsillo y se ocupó personalmente de la fotografía, el diseño y la coordinación con cada bodega. La participación fue siempre gratuita y voluntaria, y esa decisión terminó definiendo el tono del libro: productores chicos aparecen con el mismo peso narrativo que los proyectos más conocidos de la región.
«El terroir es todo. Es el ecosistema del vino, el sitio donde todas las variables biológicas, naturales, climatológicas, geográficas y energéticas van a forjar una identidad.»
Más allá de la calidad de las imágenes, lo que distingue al proyecto es su vocación de atlas: cada subregión queda ubicada en sus propios mapas, con datos de contacto de bodegas y de servicios turísticos pensados para quien quiera recorrer esos caminos en persona. La Patagonia vitivinícola conviven ahí viñedos centenarios plantados por inmigrantes italianos con proyectos que recién están empezando, sin jerarquías entre unos y otros.
El libro se editó en español e inglés, pensando en un público que también incluye al turismo internacional que cada vez elige más los caminos del vino patagónico. La primera tirada fue de apenas sesenta ejemplares, a los que se sumó después una reimpresión de cincuenta más: números chicos, típicos de un proyecto autogestionado, que sin embargo ya fue declarado de interés por la Legislatura de Neuquén y tuvo su lugar en la Feria del Libro de Buenos Aires.