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Cultura, sabor y relato desde la Patagonia
Crónicas

El animal
que vino
del agua

La Filiberta lleva más de veinte años criando búfalos de agua en el Delta del Paraná. Una apuesta que desafió la lógica ganadera argentina, abrió mercados en Europa y demostró que producir y conservar el humedal pueden ir de la mano.

Por Nico Visne 30 de julio de 2026 10 min de lectura
Rodeo de búfalos de agua en La Filiberta, Delta del Paraná
El rodeo de La Filiberta en el Delta del Paraná. Animales criados a pasto, sobre pastizales nativos, sin granos ni pasturas implantadas.

En el Delta del Paraná, donde la tierra es agua y el agua es tierra, Armando Cadopi encontró la respuesta a una pregunta que nadie estaba haciendo: ¿qué se puede producir aquí sin romper lo que hace único a este lugar?

Armando es tercera generación de productor isleño. Su abuelo llegó al Delta allá por 1940. Su padre, ingeniero agrónomo, recorrió esos campos durante décadas. A Armando lo arrastraron desde chiquito, y él fue con gusto. Imposible, dice, no entretenerse entre arroyos y juncos siendo chico.

Cuando llegó a los treinta, siendo licenciado en Alimentos, empezó a hacerse una pregunta incómoda: ¿qué se puede hacer en el Delta que no sea repetir lo mismo? Soja, no. Aberdeen Angus, no. Forestación en baja. Ganadería vacuna como commodity. Y las inundaciones, cada vez más seguidas.

Investigó pecán, carpincho, miel, distintas alternativas. Y después llegó al búfalo de agua.

El animal

El búfalo de agua no es el bisonte norteamericano ni el búfalo africano. Es oriundo del sudeste asiático —Tailandia, China, India— y está perfectamente adaptado a zonas con calor, humedad y agua. Le gusta el barro. Nada. Se mete donde el vacuno no puede. El barro y el agua le sirven para regular la temperatura y combatir parásitos.

Tiene una lengua y dientes más anchos, y una flora bacteriana más eficiente que la del vacuno. Ambos son bóvidos con cuatro estómagos, pero el búfalo convierte un 50% más de celulosa en carne en el mismo lugar y con el mismo junco. Eso es muy interesante: La Filiberta produce animales de dos años y 450 kilos sin sembrar maíz, sin implantar pasturas ajenas al ecosistema y sin transportar grano.

Búfalo de agua corriendo en el bañado del Delta del Paraná
El búfalo de agua en su elemento. Nada, convive con el barro, se mete en zonas encharcadas donde el vacuno no llega.
«Viste cuando comés un pollo de campo y sentís una mordida distinta al pollo de supermercado. Esa misma diferencia existe entre la carne de búfalo y la carne vacuna.» — Armando Cadopi

El perfil es singular: poca grasa intramuscular, tres veces más hierro que el vacuno, buen perfil de omega 3 y omega 6, y una terneza firme —no dura— que habla del pastizal nativo. Una carne 100% natural, 100% a pasto, 100% con forraje propio del humedal.

El proyecto

En el año 2000, Armando empezó a probar búfalos en la isla y a compararlos con novillos vacunos. Los números hablaron solos. En 2002, bajo el nombre La Filiberta, arrancó a comercializar en restaurantes de Buenos Aires: Frontera, Tomo 1, La Brigada, el Alvear. Quería posicionar la carne de búfalo como un producto premium. "Como un vino de alta gama o un queso que haga referencia a su territorio", dice.

Desde el primer día, el proyecto apostó también por los subproductos: no todo el búfalo es lomo. Salames, bresaolas, fuet, hamburguesas de 180 gramos 100% carne de búfalo. La clave era aprovechar el animal entero y llegar a distintos consumidores.

Bresaola de búfalo La Filiberta
Bresaola de búfalo, uno de los productos de valor agregado que La Filiberta desarrolló para ampliar el universo del animal más allá del corte tradicional.

"Hay gente que quizás no se anima a un bife de búfalo, pero sí a una hamburguesa, un raviol o una pasta rellena", dice Cadopi. "La clave es presentarlo en distintos formatos."

El humedal
Armando Cadopi con el rodeo de búfalos de La Filiberta
Armando Cadopi en el campo. Tercera generación de productor isleño, el Delta del Paraná es el territorio que conoce desde chico.

Por el Paraná escurre el 25% del agua de Sudamérica. El humedal del Delta es el ecosistema más eficiente en captura de dióxido de carbono y una de las reservas de agua dulce más importantes del mundo. Modificarlo era una atrocidad. Pero resignarse a ser improductivo tampoco era una opción.

«Nuestra misión era preservar el Delta produciéndolo, porque entendemos que así se habita y así se genera arraigo.»

— Armando Cadopi

En 2011, La Filiberta empezó a trabajar con CONICET, universidades y Fundación Humedales. El objetivo era entender qué impacto generaba la ganadería bubalina, qué podían mejorar y cómo producir reduciendo al mínimo la huella. Difundir la importancia de los humedales y demostrar que producir y conservar no son fuerzas opuestas.

Arroyo del Delta del Paraná con cipreses en otoño
El Delta del Paraná en otoño. Un humedal que es, al mismo tiempo, uno de los ecosistemas más eficientes del planeta y el territorio donde nació La Filiberta.

"Toda interacción humana genera impacto, eso es real. Pero podemos reducirlo al mínimo y, al mismo tiempo, generar empleo conservando y produciendo un alimento natural distinto. No simplemente hacer soja, voltear postes y sembrar con drones."

La exportación

Cuando Armando quiso exportar por primera vez, fue al SENASA y le dijeron que no podía: el búfalo no estaba reglamentado como especie apta para consumo humano en Argentina. Tuvo que desarrollar protocolos de faena, comercialización e inscripción de cortes. Lo que pensaba hacer en un mes se convirtió en años de trámites.

Paralelamente, trabajó con el Instituto de Tecnología de Alimentos del INTA. Entre 2002 y 2003 mandaron casi mil kilos de carne para estudios de caracterización. Y mientras esperaban, arrancaron con el mercado interno.

En 2005, estaba todo listo para exportar a Chile. Apareció aftosa en Corrientes y se cerraron los mercados. Cadopi llamó a su hermana en Alemania. Le pidió contactos en el sector de productos de búfala italiana. Apareció un agente del este alemán que probó la carne, hizo análisis y comprobó que todo lo que decían sobre composición y calidad era cierto.

Cortes de carne de búfalo La Filiberta listos para exportación
Cortes de búfalo La Filiberta listos para exportación. En el rótulo, certificación SENASA y detalle en cinco idiomas: los mercados europeos fueron el primer horizonte internacional del proyecto.
«Lo que pensaba hacer en un mes no pude hacerlo. Pero cuando el producto habló por sí solo, las puertas se abrieron.» — Armando Cadopi

Así empezó la exportación. Hoy La Filiberta sigue trabajando en mercado local y exterior.

El futuro
Carne de búfalo La Filiberta en la parrilla
Búfalo a las brasas. Una carne que requiere otra lectura del fuego: firmeza sin dureza, sabor que habla del pastizal.

En Brasil hay más de 2 millones de búfalos. En Argentina, unos 200.000 contra 50 millones de vacas. La vaca seguirá dominando, reconoce Cadopi sin resignación. Pero en provincias como Corrientes, Chaco y Formosa, donde el búfalo tiene una eficiencia superior al vacuno, el espacio se amplía. En zonas donde el vacuno solo sirve para cría, el búfalo puede terminarse allí mismo.

Y en gastronomía, el camino es la nueva generación de cocineros: los que entienden que la carne no es solo el corte, sino la historia detrás. "Queremos mostrar que existe otra proteína roja, con otras propiedades y un sabor suave, que puede sumarse a la dieta."

Este año La Filiberta hizo la tercera edición de Somos Humedales, una campaña de difusión sobre preservación de humedales donde los gastronómicos ayudan con el boca a boca. Paso a paso. Como el búfalo que avanza por el junco: sin apuro, sin romper lo que lo sostiene.

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Crónicas Delta del Paraná Búfalo de agua La Filiberta Humedales Ganadería Patagonia
NV
Autor
Nico Visne

Periodista gastronómico. Comunica gastronomía en radio, podcast y medios digitales desde Patagonia. Escribe sobre vinos, cocina y territorios.