Salta es ruta aérea directa desde Neuquén. En dos horas se llega a la capital del norte y comienza un recorrido inolvidable por una provincia fantástica.
Un viaje por los valles Calchaquíes, los viñedos de altura, las estancias con historia y los pueblos de adobe. Salta en seis etapas, con todo lo que hay que saber antes de arrancar.
Aterricé en Salta capital con la idea de recorrer la provincia de sur a norte. Lo primero que hice fue alquilar un auto en Inti Rentacar, una agencia local con precios competitivos y muy buena atención. Con el Chevrolet cargado, arranqué hacia el sur por la Ruta 68. La primera parada: Cafayate, a 192 kilómetros de la capital.
El pueblo huele a torrontés y a adobe. Llegué al mediodía y dejé el auto frente a la Vieja Posada, uno de esos lugares que te detienen en seco. La construcción es antigua y tiene una historia increíble: funcionó como centro educativo, luego como espacio cultural, y hoy aloja viajeros con la misma hospitalidad que tuvo siempre. El restaurante se llama El Almacén y tiene una tienda de artesanías donde es difícil no comprar algo.
La segunda noche la pasé en Patios de Cafayate, una finca de 1892 con la bodega El Esteco en el predio. El lugar es un sueño: fuentes, flores, galerías con plantas. La chef Virginia Marin cocina con productos locales de manera delicada y precisa. El desayuno con vista a los viñedos es difícil de superar.
«Absolutamente recomendable Vieja Posada en Cafayate. Una construcción maravillosa con una historia increíble.»
A 20 kilómetros de Cafayate está San Carlos, el pueblo más antiguo de Salta. Ahí me alojé en La Vaca Tranquila, un hotel de campo con pocas habitaciones, desayuno casero y una particularidad que lo hace único: dentro del predio funciona Me Echó la Burra, una fábrica de cervezas belgas artesanales. El atardecer desde la galería, con una IPA en mano y los cerros colorados de fondo, es una postal que no se borra.
Desde San Carlos, 88 kilómetros de ripio llevan a Colomé. La ruta es exigente pero absolutamente recomendable. La Estancia Colomé tiene una bodega fundada en 1831, considerada la más antigua del país. Solo ocho habitaciones con vistas directas a los viñedos de altura. Un paraíso único, con una calma profunda que se mete adentro.
Pero lo que convierte a Colomé en un destino de otro nivel es el Museo James Turrell. Cinco mil metros cuadrados divididos en nueve cámaras dedicadas a la experiencia de la luz. Cada sala es un mundo. Es difícil describirlo sin empobrecerlo: hay que vivirlo.
«Colomé, una experiencia fantástica. Un sitio único, con una calma profunda y un arte inconmensurable.»
Desde Colomé, otros 157 kilómetros de ripio hasta Cachi. El camino atraviesa paisajes que cambian de color cada diez minutos. Cachi es un pueblo de productores de especias, con una comunidad que trabaja la tierra con orgullo. Me alojé en el Hotel La Merced, una construcción colonial de dieciséis años con pileta y vistas increíbles a los valles. El lugar es sereno y bien llevado.
Visité la Bodega Puna junto a Elvira, una cocinera que trabaja con los ingredientes del lugar con una naturalidad sorprendente. También caí por La Paya, una casa rural de 1900 con bodeguita propia manejada por las hermanas Ruiz Moreno. El lugar tiene casa de té, pocas habitaciones y ese silencio que solo existe en los valles andinos.
El camino de vuelta a la capital pasa por el Parque Nacional Los Cardones, uno de los paisajes más extraños y hermosos de Argentina: miles de cardones como columnas vegetales mirando el cielo. Después viene la Cuesta del Obispo, una sucesión de curvas y vistas que cortaban la respiración cada tanto.
La última noche en Salta capital la pasé en Villa Vicuña, un hotel céntrico con doce habitaciones, parque con pileta y un deck con barra. Ideal para descansar y cerrar el viaje con calma antes del vuelo de regreso.
Salta es una provincia que se puede recorrer en una semana sin apuro, con tiempo para detenerse, preguntar y dejarse llevar. La gastronomía local, los vinos de altura y la hospitalidad de cada lugar hacen del viaje algo que uno quiere volver a hacer. Ya estoy pensando en la próxima vuelta.