Una nueva mirada generacional sobre la cocina de Bariloche. Detrás de Nené —un bar que es también trinchera cultural— y de Agüita, su laboratorio gastronómico, Joaquín Facio cocina con curiosidad y sin aburrirse.
Joaquín Facio lleva 15 años en Bariloche pero recién en los últimos años, gracias a BALC, empezó a conocer de cerca a sus colegas. Tiene dos proyectos: Nené, un bar donde la gastronomía honesta convive con la música en vivo, y Agüita, su laboratorio. Representa una generación nueva de cocineros que está redefiniendo lo que significa cocinar en el sur.
Nené nació de una ausencia. "Entre las cervecerías y los restaurantes no había nada en el medio", dice Joaco. Quería un lugar donde pudieras comer una sopa de pescado o una carne cruda, sin renunciar al espíritu de bar, con música sucediendo siempre. Inauguraron con Willy Crook. La idea, dice, era simple: "armar un lugar al que quisiéramos ir nosotros".
Agüita llegó después, con otra ambición. Más restaurante, más foco en el vino y el servicio, más libertad para ir lejos con la cocina. Los dos proyectos coexisten y se complementan: uno para volver tres veces por semana, el otro para cuando querés algo más. Joaco no jerarquiza: "Estoy igual de orgulloso de ambos dos."
"Si me puedo comer una ostra en Buenos Aires, ¿por qué no me puedo comer una navaja de la costa de Río Negro? Si es del día, literal."
Su obsesión actual es el mar. Trabaja con un pescador de San Antonio Este —la costa rionegrina— que sale temprano y a las dos de la tarde ya tiene el producto en Bariloche. Impensado hace unos años. En eso ve el norte de la gastronomía local: acceso a productos con trazabilidad, cocineros conectados con sus proveedores. "Me divierte cambiar, me divierte hacer cosas nuevas." Se aburre rápido. Y dice que eso está bueno.