Una dupla que cruzó la cordillera para cocinar por primera vez en Bariloche. Gastón Trama y Constanza Cerezo Pawlak construyen en silencio y saben que la salud de un negocio no está en el brillo sino en la cotidianeidad prolija.
Una dupla que llegó por primera vez a Bariloche y se instaló en el restaurante Ánima con una propuesta de temporada: morillas esperadas hasta último momento, hierbas del paisaje patagónico y productos de Mendoza que dialogaron con la cordillera.
La primera vez en Bariloche fue al mismo tiempo la primera vez en el Festival BALC. Gastón Trama y Constanza Cerezo Pawlak tomaron esa doble llegada y la convirtieron en materia prima: un pop-up que no pretendía reproducir lo que venían haciendo en Mendoza sino escuchar lo que el lugar tenía para decir. Cocinaron con lo que encontraron, con lo que trajeron y con lo que el bosque, literalmente, les ofreció.
De Mendoza a la Patagonia, la distancia no es solo geográfica. Gastón Trama y Constanza Cerezo Pawlak se mueven en la cocina con la economía de quienes llevan años trabajando juntos. Y eso —dicen— es lo que hace que un servicio funcione. No el brillo, no el reconocimiento externo.
Distintas entradas al mismo universo, y eso se nota en cómo miran el oficio: con la mezcla justa de vocación y racionalidad. La cocina como un challenge que no necesitás ir a buscar porque aparece solo, cada día, distinto.
"Todos los días son distintos. Ese challenge en una oficina tenés que buscarlo. Acá es inherente."
La charla terminó con una frase que resume bien el momento que atraviesan: "En algún momento va a llegar algo que sea nuestro." No es impaciencia. Es la certeza tranquila de quienes ya saben cómo construir.